Le quedamos debiendo a Medellín un proyecto político

Quienes gobernamos a Medellín entre 2004 y 2011 le quedamos debiendo a esta ciudad y a la región la construcción de un proyecto político de largo aliento que se viera reflejado en la conformación de un nuevo partido político. Un partido político capaz de pensar nuevos temas y de generar pensamiento y conocimiento a partir de las soluciones innovadoras para nuestros grandes problemas. Un partido dinámico, abierto, con ideología (¿por qué hemos abandonado las ideologías, por qué ese miedo a construir ideologías?).

Un partido político nuevo, de verdad nuevo, ética, pedagógica y políticamente serio, diferente, renovador de la acción política, democrático hacia fuera y especialmente democrático hacia adentro, transformador de las relaciones entre quienes lo conformen, que deje atrás los caudillismos, los personalismos, los mesianismos, donde las decisiones se tomen colectivamente y donde el llamado realismo político no se imponga sobre las esperanzas de sus miembros y de quienes lo apoyan electoralmente.

Nuestra excelente gestión pública, evidente en los enormes resultados sociales, educativos, culturales y urbanos de Medellín, hacía más necesario aún ese reto de haber diseñado, estructurado, consolidado, un proyecto político también renovador. Le quedamos debiendo a Medellín y a Antioquia ese proyecto político. Los logros electorales o políticos de algunas personas vinculadas a nuestro reciente trabajo en y por Medellín, por más relevantes que sean esas personas, no conforman, en sí mismos, un proyecto político. Todo lo contrario: teníamos que habernos apoyado en esos logros para avanzar en un proyecto político colectivo y no individual. El capital político de esas personas, por cierto, no es su capital, individual, personal: es un capital construido con base en el esfuerzo, la decisión, el compromiso y los resultados de muchísimas personas.

No presentar candidatura propia a la Alcaldía de Medellín en las elecciones de 2011 para el período 2012 – 2015, es una estupidez, un error no solo político sino también ético: a las 208 mil personas que votaron por Fajardo en 2003 y las 274 mil que votaron por Alonso en 2007, y a quienes han mejorado su calidad de vida en todos años, y a quienes han visto en nuestra manera de gobernar unas formas y unos fondos distintos a lo tradicional, teníamos el deber ético y político de proponerles un proyecto de continuidad. No podíamos no presentarnos a las elecciones municipales. Pero no nos presentamos. Y es difícil de entender y aún más de explicarlo.

La decisión tomada por unos pocos dirigentes del Partido Verde de transar un apoyo político del partido Liberal a la campaña de Fajardo para la Gobernación de Antioquia a cambio de apoyar el candidato Liberal a la Alcaldía de Medellín se presentó como la construcción de una alianza necesaria para no perder ni la una ni la otra, pero realmente no deja de ser, simplemente, una alianza electoral en función de intereses particulares y coyunturales.

Esa alianza no fortalece al Partido Verde en lo local (y le quedará muy difícil levantarse más adelante a partir de este hecho) y pone en duda la continuidad de un proyecto renovador para Medellín. Ojalá nuestra lista al Concejo de Medellín tenga buenos resultados a pesar de esta situación, aunque también hay que decir que esa lista tiene de todo, personas muy buenas y esperanzadoras, pero otras que están más cerca de la politiquería y el clientelismo que hemos combatido.

Tal vez por intentar hacerlo muy bien desde la Alcaldía dejamos a un lado la construcción de ese partido político que fuera más allá de nuestro movimiento cívico, Compromiso Ciudadano. No le dimos la importancia política a la construcción de ese partido, y solo lo intentamos al término de la alcaldía de Fajardo cuando quisimos, ambiciosamente, ingenuamente, pasar a ser la primera fuerza nacional y ganar la presidencia con un candidato sin partido. La derrota de nuestras listas en las elecciones parlamentarias de 2010 nos puso en nuestro nivel y nos dio una lección que no aprendimos: la política no es de personas sino de partidos, y esos partidos deben ser capaces de ir más allá de las personas que los lideran.

Nos sumamos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales al Partido Verde pero sin fusionarnos desde un principio, otra incoherencia y error nuestro. Solo más de 4 meses después de las elecciones decidimos unirnos al Partido Verde, con un costo que aún cuesta: no todos los de Compromiso Ciudadano nos fuimos a ese partido, algunos y algunas se quedaron en la ASI (entre ellos, los 3 concejales por una razón obvia: no les permite la Ley estar en dos partidos) y otros a la deriva por no compartir la disolución de nuestro movimiento cívico y por los temores, que resultaron ciertos, de lo que realmente es el Partido Verde.

Nuevamente, por incapacidad política o por ingenuidad reiterada, o por conformismo, o por no encontrar otra salida decente en la política, no hemos sido capaces de avanzar en la consolidación de un Partido, el Verde, que sea diferente a los partidos políticos tradicionales en sus formas y en sus contenidos. Difícil hoy para un ciudadano distinguir qué nos distingue de otros partidos.

Hasta ahora el Partido Verde es una formación política con una historia no del todo clara, con unas rémoras pasadas, con una campaña electoral histórica, la del 2010, con algunas muy buenas congresistas –mujeres ellas, con algún hombre significativo- pero con unos desenlaces posteriores que reflejan bastantes incoherencias y bastantes tumbos. Un partido que ha asumido, desde su dirigencia, que no es posible construir un partido diferente y que ha escogido el camino de integrarse (perderse, en algunos casos) con los partidos políticos que son responsables de la debacle de este país. Un partido que se hace ya el de la vista gorda ante incongruencias de algunos de sus militantes y candidatos, porque asume que hacen falta para sumar votos en sus regiones. La urgencia de votos pasó, en algunos casos significativos, a reemplazar los criterios y principios. Doloroso.

El Partido Verde, al que pertenezco aún y del que no he pensado en irme aunque a veces me pregunto para qué quedarme, cambió el No todo vale que tanto entusiasmó, por el puede que algunas cosas que antes no hacíamos ni aceptábamos valgan ahora con tal de poder ganar para poder hacer lo que creemos necesario hacer. Es decir, un partido en el que sus principales dirigentes, con algunas excepciones, cambiaron eso de que el fin no justifica los medios por otro concepto, tal vez de realismo político pero que suena a transfuguismo ético: algunos fines justifican algunos medios.

En fin, que nos equivocamos políticamente en estos 8 años de gobierno y en estos más de 11 años de Compromiso Ciudadano: nos equivocamos al no proponernos, seriamente, la conformación de un proyecto político que fuera más allá del manejo de la Alcaldía. Nos equivocamos al no diseñar colectivamente ese partido que fuera capaz de cambiar la forma de hacer política electoral, que se relacionara de una manera diferente con la comunidad en época de elecciones, que fuera convocador de juventudes y de muchas personas que jamás se han metido en la política, que representara realmente una esperanza política para quienes mantienen la abstención electoral como el principal resultado en las elecciones municipales y nacionales. Nos equivocamos al no hacer escuela de formación política. Nos equivocamos en la toma de decisiones trascendentales que podrían haber permitido fortalecer aún más las políticas públicas municipales y nuestra presencia en Antioquia o incluso en otras regiones (a lo mejor, solo a lo mejor, nos equivocamos al querer dar el salto nacional sin tener siquiera proyecto metropolitano y regional). Nos equivocamos al seguir dependiendo de la suma de líderes y no de una verdadera construcción colectiva.

En otra columna de este blog dije hace unos días que Medellín debe ser una causa común. Aplico esa misma frase ahora para lo que debería ser un proyecto político: una causa común, bien diseñada, bien construida, bien fundamentada. En la que importen tanto las formas, los procesos, como los resultados. Incluso, diría hoy, en la que inicialmente importen más las formas, los procesos, que los resultados electorales inmediatos.

Le quedamos debiendo a esta ciudad, a esta región, ese proyecto político.

Jorge Melguizo

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Archivado bajo Medellín, Partido Verde, Política

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