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Túnel Verde, Metroplús, Construcción de Ciudadanía, Política

Hace muchos días no escribo en mi blog. Descuido, pero también que la red Twitter me enganchó y escribo más en pocos caracteres que en columnas. O también: más que escribir a mi lo que me gusta es leer: se lee a otros, no a uno mismo, y eso siempre será una ganancia. Hoy vuelvo a colgar unas notas en el blog para esos 4 asuntos del título.

El túnel verde son 2 kilómetros de un bosque urbano en una de las avenidas norte sur en Envigado y Medellín, que está siendo talado parcialmente para construir un nuevo tramo de Metroplús, que es un sistema de buses articulados que circulan por carril exclusivo. Hace unas semanas inició una protesta en redes sociales, especialmente en Twitter, y hace 15 días esa protesta se volvió física, con 2 marchas numerosas (22 y 29 de junio), extrañas en un contexto de ciudad (y de ciudadanía) nada propenso a las manifestaciones públicas y, menos, a las reacciones contra proyectos públicos.

No soy optimista: creo que Metroplús y la Alcaldía de Envigado continuarán con el proyecto tal cual está definido y que no se salvará el túnel verde, un patrimonio paisajístico y ambiental. Sin embargo, ya quienes protestamos –especialmente esa buena cantidad de jóvenes que acampan al lado de los árboles desde hace 2 semanas- podemos mostrar varios resultados: de casi 300 árboles que inicialmente se iban a talar en los primeros 900 metros del túnel verde, se pasó a 132 (y se pregunta uno: ¿por qué la protesta logró eso? ¿no estaba la tala definida desde un inicio por estudios técnicos?); de la reposición de 3 árboles por cada árbol talado se pasó a 15, así que en vez de 500 árboles nuevos se plantarán 2.000 (¿y por qué antes no se había pensando en ello?); de árboles nuevos de 2 metros en promedio se pasará a árboles nuevos, esos 2.000, de 3 y 4 metros (¿cumplirán?). Y del silencio ciudadano durante años –el proyecto se aprobó hace más de 6- se pasó a una importante movilización ciudadana, con casi 20 mil firmas físicas y más de 15 mil firmas virtuales, mas gente en la calle, mas amplia cobertura de medios de comunicación, y que seguramente irá más allá de este caso puntual.

Pero el debate no es solo por árboles: el debate principal es por las características del proyecto. Este nuevo tramo de Metroplús, que parece no tener reversa, es cuestionado desde muchos lugares por construirse de manera paralela (sur norte) y muy cercana a la línea principal del metro de Medellín (a máximo 400 metros, en el peor de los casos). Dicen quienes saben que los sistemas complementarios al metro deben ir en forma perpendicular y no paralela. El ejemplo ya lo tenemos en Medellín, con los metrocables, con el tranvía en construcción y con el propio Metroplús en su primera línea, pues la mayor parte de su recorrido lo hace perpendicularmente al metro, aportándole pasajeros y no quitándoselos.

También se cuestiona en el actual trazado que la obra no contemple la construcción de ciclo rutas en la Avenida El Poblado, y una evidencia de que no se piensa en las bicicletas es otro de los logros de la movilización ciudadana reciente pues Metroplús aceptó construir una estación para bicicletas… que debería ser no un triunfo coyuntural sino una pauta para todo el sistema de transporte masivo de Medellín.

Lo paradójico de este caso es que la construcción de ciudadanía se esté dando por reacción y oposición y no por sensibilización, motivación y participación motivada desde lo público. La tarea y reto de lo público –Alcaldía de Envigado, Concejo de Envigado, Metroplús, Alcaldía de Medellín, Concejo de Medellín- debería ser, en todo proyecto físico y social, la construcción de ciudadanía: la definición de mejores y mayores formas de participación social, el mejoramiento de las herramientas para una participación efectiva, la participación como esencia y no como método, el respeto por la participación (para algunas entidades públicas, la participación se reduce a una validación de lo que dicen, de lo que hacen, y todo lo que vaya en contra se asume como enfrentamiento). En una sociedad como la colombiana, se necesita construir más espacios de confrontación para superar los enfrentamientos: confrontación de ideas, de lógicas, de puntos de vista, de propuestas. Todo acuerdo es una cesión de ambas partes. El mejor acuerdo no es el que deja a alguien muy contento sino a las partes un poquitico bravas… pues han tenido que ceder ante la otra.

Y termino esta nota con la política. En facebook y en twitter algunas personas critican que yo haga parte de esta manifestación ciudadana, incluso se preguntan por qué he participado en las dos marchas realizadas. Y hasta se han atrevido a cuestionar a quienes han creado el Campamento Verde (@TúnelVerdeEnv) porque yo participo de estas actividades. Y, para esa crítica, dicen que estoy haciendo política y que nada dije sobre Metroplús cuando estuve en la Alcaldía de Medellín.

Trabajé 6 años en la Alcaldía de Medellín, de septiembre de 2004 a julio de 2010. Intenté ser candidato a la alcaldía, por el Partido Verde, y no lo logré. En este blog escribí bastante sobre eso. Me retiré del Partido Verde hace 2 años, el 21 de julio de 2011. También acá está escrito por qué. Y desde entonces me dedico a dar conferencias y a hacer consultorías en gestión pública, en cultura, en procesos sociales. Mi trabajo está casi todo por fuera del país. Vivo en Envigado desde diciembre de 2004. Y hago parte desde 2012 de un grupo de vecinos y vecinas que defendemos lo público en las Lomas de Cumbres y El Esmeraldal. Me sumé a la defensa del túnel verde por convicción y por derecho. Creo que se equivocan la Alcaldía de Envigado y Metroplús en el trazado del proyecto y en su relación con la comunidad. Y serán, ambas entidades y sus actuales dirigentes, responsables de las consecuencias urbanas, de movilidad, paisajísticas y ambientales. Veo el resultado de los tramos ya construidos de Metroplús, en Medellín y en Sabaneta, y creo que los errores son múltiples.

Y me encanta que esta “pequeña primavera envigadeña” se haya dado, porque es una manifestación de conciencia ciudadana, de reacción frente a una obra que no se comparte, de protesta pacífica (así Metroplús y la Alcaldía de Envigado respondan con el ESMAD). Un ejemplo concreto y esperanzador de construcción ciudadana. Y construir ciudadanía es un hecho político, profundamente político. Este país cambiará realmente cuando la ciudadanía haga de la política un ejercicio cotidiano, colectivo, para enfrentar a quienes han hecho de la política un ejercicio privado, de provecho personal.

Y cierro: defender el túnel verde y proponer un sistema de transporte masivo más racional, que es lo que ha hecho la comunidad de Envigado, es un hecho político tremendo pues se está defendiendo lo público. Que es, ni más ni menos, lo que se esperaría también de la Alcaldía de Envigado y de Metroplús y de la Alcaldía de Medellín y de los Concejos de ambas ciudades: una defensa de lo público.

Jorge Melguizo

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Carta desde Medellín para la Cumbre de las Américas


Señoras y Señores

Presidentes de 33 países asistentes a la Cumbre de las Américas

Cartagena de Indias

Esta carta no la leerán Ustedes pero acá va, de todos modos.  Se que algunos colectivos sociales, grupos de pensamiento y universidades del mundo han mandado y mandarán a la Cumbre de las Américas cartas similares, dedicadas a proponerles que en el tema de las drogas se inicie, de una vez y con celeridad y seriedad, un importante cambio de paradigmas.

  1. En buena hora se definió que el tema de las drogas ilegales sea uno de los prioritarios de la Cumbre de las Américas.
  2. Un viejo adagio dice que cuando un problema no tiene solución hay que cambiar de problema: en el enfrentamiento contra las drogas ilegales es hora de cambiar de problema.
  3. Es necesario y urgente un acuerdo entre muchos países para que se abra con seriedad y políticamente el análisis de propuestas de descriminalización, despenalización y legalización de los consumos de algunas drogas ilegales.   Cada una de esas palabras debe ser analizada como un escenario posible, factible, para determinar los pro y los contra de cada uno de ellos vs el escenario actual, creado por la administración Nixon y recogido por Naciones Unidas en una guerra contra las drogas que requiere ser revisada y replanteada.
  4. Solo podremos tener resultados reales y significativos en la solución a los problemas derivados del tráfico y consumo de drogas ilegales cuando se equilibre la balanza de la inversión entre los proyectos de represión (persecución del narcotráfico y del negocio enorme de lavado de dinero ilegal), los proyectos de sustitución de fuentes de ingreso económico para los campesinos y los programas de reducción de demanda, es decir, los proyectos de prevención frente a los consumos y de atención y tratamiento a consumidores.
  5. Detrás del negocio de las drogas ilegales están siempre otros 3 grandes negocios de los que poco se habla, y todos 3 tienen su sede (su inicio y su final) en los países desarrollados: el negocio de los precursores químicos, el negocio de las armas y el negocio del dinero (la banca mundial, que esconde hipócritamente los dineros del narcotráfico y de otros grandes negocios ilegales).
  6. Es necesario que los gobiernos Iberoamericanos, los organismos multilaterales y las agencias de cooperación internacional inviertan mayores recursos en la reducción de la demanda de drogas.
  7. Además de equilibrar los esfuerzos entre reducción de la oferta y reducción de la demanda de drogas, se debe procurar que en las inversiones de reducción de la oferta de drogas se prioricen las acciones de desarrollo alternativo y de mejoramiento de los sistemas judiciales, por encima de las acciones de guerra.
  8. Si un porcentaje importante de lo que en los últimos 40 años se ha destinado a la guerra contra el narcotráfico se hubiera dedicado a promover programas universales y permanentes, de calidad, para el desarrollo de habilidades para la vida, la promoción de la salud, la prevención específica del consumo de drogas y el tratamiento de los adictos, seguramente otro sería el panorama de impacto en nuestros países, no solo en salud sino también en la seguridad de nuestros barrios.
  9. Y, finalmente, deben saber ya Ustedes, gobernantes de este hemisferio, que como muchas otras guerras interminables y costosas y fracasadas (¿qué guerra no es un fracaso para la humanidad?), la guerra contra las drogas debe terminarse.  Lo que debe iniciar el continente americano es una nueva estrategia global de fortalecimiento de la sociedad civil, de generación de la convivencia en nuestras ciudades desde proyectos sociales, educativos y culturales de gran envergadura. Una nueva estrategia global de generación de oportunidades y de búsqueda urgente de sociedades más equitativas y justas.  Esa debe ser la prioridad de sus gobiernos.  Esa debería ser la prioridad para ustedes, gobernantes de nuestros pueblos.

Jorge Melguizo                                                                                                                                 Abril de 2012.

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14 claves para NO entender nuestra campaña política

  1. En Antioquia hay 4 candidatos a Gobernación: uno de La U que primero se postuló por el Partido Verde, otro del Polo, uno del Partido Conservador y uno del Partido Verde, al que él mismo calificó de partido “biche”.
  2. En Medellín hay 5 candidatos a la Alcaldía: uno de La U, uno del Polo, una de Mira, uno Liberal y otro por firmas porque ningún partido le quiso dar el aval aunque fue alcalde antes por el Partido Liberal y fue miembro de Cambio Radical. No hay ninguno de la ASI, que es el partido a nombre del cual un movimiento cívico, Compromiso Ciudadano, ganó las 2 últimas elecciones.  Ese movimiento ya no existe y sus miembros hoy hacen parte de la ASI o del Partido Verde, y algunos están también en otros partidos y apoyan otras candidaturas.
  3. El candidato del Partido Verde a la Gobernación tiene el apoyo de algunos de los partidos que siempre criticó y a los que enfrentó: del Partido Liberal (pero no de todos los de ese partido), del candidato del Partido Liberal a la alcaldía de Medellín, de algunos del partido conservador y de la ASI.   No lo apoyan los de La U, que sí se aliaron con el candidato del Partido Verde en Bogotá, partido que hace 3 meses se sumó a la Unidad Nacional, Unidad a la que el Partido Verde enfrentó y denunció (y de manera beligerante) en las elecciones presidenciales.
  4. El candidato del Partido Liberal a la Alcaldía de Medellín tiene el apoyo del Partido Verde (pero no de todos los de ese partido), del candidato Verde a la Gobernación, de algunos de La U, de algunos conservadores y de la ASI.
  5. El candidato de La U a la Alcaldía tiene el apoyo del ex presidente Uribe pero no lo tiene de algunas de las personas claves en su partido, ex ministros, ex embajadores, ex asesores presidenciales de La U, quienes apoyan al candidato Liberal, unos, y al candidato por firmas, otros.
  6. El candidato de La U a la Gobernación tiene el apoyo de unos que eran (o son) de la ASI y de otros que son (o eran) del Partido Verde. Y tiene en su equipo a personas que fueron candidatos al Concejo en 2007 por el movimiento Jóvenes Fajardistas y que fueron de Compromiso Ciudadano.
  7. El candidato del Partido Conservador a la Gobernación no tiene el apoyo de buena parte de la dirigencia conservadora en Antioquia aunque ganó una consulta interna y tiene la oposición decidida del mayor diario Conservador del país, que también le hizo oposición al actual alcalde (de la ASI), diario que ahora apoya al candidato Liberal a la alcaldía.
  8. El candidato que se inscribió por firmas a la Alcaldía de Medellín (y que, aunque suene a chiste malo, nació en el municipio de Cañasgordas) dice en su web que hizo los parques biblioteca y el parque Explora (que son obras del período de alcalde del candidato Verde a la gobernación) y dice que hizo también la Plaza Botero (obra del período de un alcalde conservador, accionista y ex director del diario Conservador, y quien hoy apoya al candidato Liberal a la alcaldía de Medellín).
  9. En la lista del Partido Verde al Concejo hay un candidato que dijo en su Twitter, ya siendo candidato Verde, que ya era hora de que ese partido dejara de gobernar en la alcaldía y que es bueno que después de 8 años de gobernar la gente tenga otras opciones.
  10. En la lista del Partido Verde al Concejo hay otro candidato que siempre trabajó con el candidato a la alcaldía de La U pero a última hora se inscribió por el Verde porque le hicieron una mala jugada y no lo aceptaron en la lista de La U al Concejo.
  11. Quien iba a ser candidato a la alcaldía del Partido Conservador (y con muchas opciones de ganar la alcaldía pues venía trabajándole a esa opción durante más de 8 años) a última hora dejó su partido, entró a La U para ser el candidato de ese partido y no lo eligieron y hoy nada se sabe de él.  Y su partido (o su ex partido), el Conservador, no tiene candidato a la alcaldía.
  12. El que quiso ser candidato del Partido Verde a la alcaldía y solo llegó (y eso!) a precandidato, no pudo entender (y ya no lo entendió) que el Partido Verde se pasara por la galleta todas sus propias reglas de selección de candidaturas y afirmara que Medellín no es prioridad para ese partido, después de gobernar desde 2004 con bastante éxito local, nacional e internacional esta compleja ciudad.  Y tampoco entendió que la ASI y el Partido Verde decidieran no presentar una fórmula de continuidad política y hayan decidido perder el partido (literal y metafóricamente) por dobleu (alguien que le explique a los extranjeros qué es perder por dobleu).
  13. Ganará seguramente la Gobernación el candidato del Partido Verde, no solo por elección sino por ausencia de contendores de peso, pues quien iba a ser su gran contendor, miembro del Partido Conservador y con muchas opciones de ganar, está en la cárcel por denuncias de parapolítica.  Quedará de segundo el del Partido Conservador, de tercero el de La U y de cuarto el del Polo, a quien mejor le iba en los debates.
  14. Y seguramente ganará la Alcaldía de Medellín el candidato del Partido Liberal, aunque haya sido un tanto impreciso y ¿soso? en la campaña. Y ganará, también, gracias al voto en contra, de gente que no quiere que vuelva a ganar quien esta vez quedará de segundo. Quedará de segundo el que se presenta por firmas, a pesar del rechazo de mucha gente a su forma de hacer política y de gobernar. Quedará de tercero el de La U, que es a quien mejor le fue en los debates, quien mayor conocimiento mostró de la ciudad y quien, por cierto, apoyó casi siempre, como Concejal, a los 2 últimos alcaldes, ambos de la ASI (y ahora al menos uno de ellos del Partido Verde porque dicen que el otro está más cerca de los liberales).

En fin, cierro citando a Verónica Velásquez con lo más parecido que encuentro a la campaña política (aunque lo de Verónica fue por nervios y lo de la campaña es por cálculos): “Yo creo que el hombre se complementa al hombre. Mujer con mujer, hombre con hombre. Y también mujer a hombre del mismo modo en el sentido contrario”.

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Me retiro del Partido Verde

Hoy me retiro del Partido Verde, por el que voté en las elecciones presidenciales en 2010, al que me inscribí el 8 de noviembre de 2010 (por primera vez en mi vida hacía parte de un partido político) y por el que me presenté como precandidato a la Alcaldía de Medellín para las elecciones del 30 de octubre de 2011.

Me retiro por decepción total y porque no veo opciones de lograr dentro del Partido Verde lo que muchos pensamos y soñamos al hacer parte de la Ola Verde y al sumarnos formalmente a un partido político: construir un partido democrático, realmente democrático. Construir un partido ética y políticamente diferente.  Un partido serio, coherente.  Hacer parte de un partido que predicó que no todo vale y en el que muchos defendimos hasta el cansancio (¡y nos cansamos!) que el fin no justifica los medios.  Pensamos construir un partido basado en agendas programáticas, en generación de soluciones para los grandes problemas de este país, y el partido se ha quedado, en buena parte, en el fortalecimiento de 3 o 4 figuras personales y personalistas, todos ellos por cierto directivos del propio partido, y esos mismos directivos han decidido aliarse con los partidos políticos tradicionales, algo que rechazamos muchos de quienes votamos por Mockus y Fajardo en 2010.

La gota que llenó el vaso fue la decisión de sus directivos de sumarse a la Unidad Nacional del Presidente Juan Manuel Santos.  Es decir, el Partido Verde está desde hoy en la misma mesa de gobierno con el Partido de La U, el Partido Liberal, el Partido Conservador, el Partido Cambio Radical y el Partido de Integración Nacional (el famoso PIN, y es famoso porque muchos de sus dirigentes o militantes están condenados por paramilitarismo).  No estoy de acuerdo con hacer parte de esa alianza, de esa unión burocrática, pero además los directivos del Partido Verde ni siquiera pusieron este tema en consideración de quienes somos –fuimos- sus miembros.  Y, para colmo de colmos, ni siquiera ellos comunicaron la decisión sino que fue el Presidente Santos quien lo informó en su discurso al país en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la República, ayer miércoles 20 de julio.  Nos enteramos por otros de lo que nuestros directivos cocinaron entre ellos.

Me retiro del Partido Verde porque no quiero hacer parte de esa Unión Nacional, conformada por los partidos que se han robado este país y que tienen a Colombia sumida en el peor de los mundos: la mayor inequidad del continente, según Naciones Unidas.  El mayor desempleo del continente, según la CEPAL (Comisión Económica para América Latina).  El país con mayor gasto militar por habitante.  Uno de los países con mayor corrupción (y eso que solo conocemos un pedacito de esa infame corrupción).  El segundo país, después de Sudán, con mayor número de desplazados del mundo.  Y el único país del continente que no ha superado su conflicto interno.

Debo decir que el Gobierno de Juan Manuel Santos ha resultado mejor de lo que esperaba (realmente no esperaba mucho).  En este año ha habido avances importantes en temas claves para el futuro nacional, en especial la Ley de Víctimas y el Estatuto Anticorrupción.  Pero no veo avances en la agenda que nos tendría que importar más: los programas sociales, educativos y culturales, esas tres realmente las herramientas claves de la transformación.  Como tampoco veo avances en uno de los asuntos claves para Colombia y en el que también somos de los más atrasados en el continente: la infraestructura vial y la recuperación de los ferrocarriles y de los ríos para el transporte de carga.

Ángela Robledo, excelente Senadora del Partido Verde, dijo algo que comparto: no hay que estar en la Unión Nacional para respaldar las buenas medidas del gobierno y haber mantenido la independencia era mucho más importante como partido.

Perdimos la oportunidad de construir un partido diferente.  Ese reto le quedó grande a nuestros directivos, a todos nuestros directivos. Tomaron decisiones equívocas y equivocadas.  No consultaron esas decisiones. Menospreciaron a miembros, simpatizantes y precandidatos. Las ambigüedades y las dilaciones fueron más importantes que los debates serios y que las decisiones.  Se volvieron autistas y autocráticos.  En muy pocos meses lograron usar al Partido Verde para sus propios intereses.  Le dieron prioridad a los resultados inmediatos en lo electoral y no a los procesos de mediano y largo plazo que nos permitieran construir una alternativa al bipartidismo que ha marcado (y matado, literal y metafóricamente) a este país.  Se olvidaron de la formación de la cultura política, pasaron por encima de los principios, olvidaron la ética, hicieron a un lado la política.  Se volvieron politiqueros.

El 2 de mayo renuncié a mi aspiración a la Alcaldía porque no quedaba otro camino decente: esos mismos directivos habían decidido que Medellín no era prioridad electoral y habían optado por ofrecerle el apoyo al Partido Liberal para ganar la Alcaldía de Medellín a cambio de que el Partido Liberal los apoyara para ganar la Gobernación de Antioquia.   No estuve de acuerdo. Insistí –sin éxito, como es evidente- que deberíamos tener candidatura propia a la alcaldía de Medellín y propuse trabajar conjuntamente las candidaturas a Gobernación de Antioquia y a Alcaldía de Medellín. Renuncié y me marginé de las elecciones pero dije que no me iba del Partido Verde porque en los partidos debían caber, precisamente, las divergencias y diferencias.  Y dije que yo no me había inscrito en una iglesia sino en un partido. Que las iglesias son de dioses y dogmas, de actos de fé.  Y los partidos son (o deben ser) de colectivos, de ideas, de análisis, de construcciones.

Hace solo 8 días le respondí a unos amigos que yo seguiría haciendo parte del partido porque en algún momento quienes pensamos diferente podríamos ganarle espacio a esos directivos politiqueros y electoreros, representantes ellos y ellas también de lo que es necesario cambiar en la política colombiana.  Pero hoy decido irme.  No hay caso.  Lío mis bártulos y me voy.  No afectará a nadie mi renuncia porque hasta hoy fui un militante más, de esos a los que los directivos ni escuchan, ni consultan, ni informan, ni responden.

Otra decepción de la política en este país.  El partido verde (así, en minúsculas) le quedó grande a sus directivos.

Recuerdo ahora una frase que viene al caso, esa que sale en la última escena de La Estrategia del Caracol, la maravillosa película de Sergio Cabrera: Ahí les dejamos su hijueputa casa pintada.

Jorge Melguizo

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Le quedamos debiendo a Medellín un proyecto político

Quienes gobernamos a Medellín entre 2004 y 2011 le quedamos debiendo a esta ciudad y a la región la construcción de un proyecto político de largo aliento que se viera reflejado en la conformación de un nuevo partido político. Un partido político capaz de pensar nuevos temas y de generar pensamiento y conocimiento a partir de las soluciones innovadoras para nuestros grandes problemas. Un partido dinámico, abierto, con ideología (¿por qué hemos abandonado las ideologías, por qué ese miedo a construir ideologías?).

Un partido político nuevo, de verdad nuevo, ética, pedagógica y políticamente serio, diferente, renovador de la acción política, democrático hacia fuera y especialmente democrático hacia adentro, transformador de las relaciones entre quienes lo conformen, que deje atrás los caudillismos, los personalismos, los mesianismos, donde las decisiones se tomen colectivamente y donde el llamado realismo político no se imponga sobre las esperanzas de sus miembros y de quienes lo apoyan electoralmente.

Nuestra excelente gestión pública, evidente en los enormes resultados sociales, educativos, culturales y urbanos de Medellín, hacía más necesario aún ese reto de haber diseñado, estructurado, consolidado, un proyecto político también renovador. Le quedamos debiendo a Medellín y a Antioquia ese proyecto político. Los logros electorales o políticos de algunas personas vinculadas a nuestro reciente trabajo en y por Medellín, por más relevantes que sean esas personas, no conforman, en sí mismos, un proyecto político. Todo lo contrario: teníamos que habernos apoyado en esos logros para avanzar en un proyecto político colectivo y no individual. El capital político de esas personas, por cierto, no es su capital, individual, personal: es un capital construido con base en el esfuerzo, la decisión, el compromiso y los resultados de muchísimas personas.

No presentar candidatura propia a la Alcaldía de Medellín en las elecciones de 2011 para el período 2012 – 2015, es una estupidez, un error no solo político sino también ético: a las 208 mil personas que votaron por Fajardo en 2003 y las 274 mil que votaron por Alonso en 2007, y a quienes han mejorado su calidad de vida en todos años, y a quienes han visto en nuestra manera de gobernar unas formas y unos fondos distintos a lo tradicional, teníamos el deber ético y político de proponerles un proyecto de continuidad. No podíamos no presentarnos a las elecciones municipales. Pero no nos presentamos. Y es difícil de entender y aún más de explicarlo.

La decisión tomada por unos pocos dirigentes del Partido Verde de transar un apoyo político del partido Liberal a la campaña de Fajardo para la Gobernación de Antioquia a cambio de apoyar el candidato Liberal a la Alcaldía de Medellín se presentó como la construcción de una alianza necesaria para no perder ni la una ni la otra, pero realmente no deja de ser, simplemente, una alianza electoral en función de intereses particulares y coyunturales.

Esa alianza no fortalece al Partido Verde en lo local (y le quedará muy difícil levantarse más adelante a partir de este hecho) y pone en duda la continuidad de un proyecto renovador para Medellín. Ojalá nuestra lista al Concejo de Medellín tenga buenos resultados a pesar de esta situación, aunque también hay que decir que esa lista tiene de todo, personas muy buenas y esperanzadoras, pero otras que están más cerca de la politiquería y el clientelismo que hemos combatido.

Tal vez por intentar hacerlo muy bien desde la Alcaldía dejamos a un lado la construcción de ese partido político que fuera más allá de nuestro movimiento cívico, Compromiso Ciudadano. No le dimos la importancia política a la construcción de ese partido, y solo lo intentamos al término de la alcaldía de Fajardo cuando quisimos, ambiciosamente, ingenuamente, pasar a ser la primera fuerza nacional y ganar la presidencia con un candidato sin partido. La derrota de nuestras listas en las elecciones parlamentarias de 2010 nos puso en nuestro nivel y nos dio una lección que no aprendimos: la política no es de personas sino de partidos, y esos partidos deben ser capaces de ir más allá de las personas que los lideran.

Nos sumamos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales al Partido Verde pero sin fusionarnos desde un principio, otra incoherencia y error nuestro. Solo más de 4 meses después de las elecciones decidimos unirnos al Partido Verde, con un costo que aún cuesta: no todos los de Compromiso Ciudadano nos fuimos a ese partido, algunos y algunas se quedaron en la ASI (entre ellos, los 3 concejales por una razón obvia: no les permite la Ley estar en dos partidos) y otros a la deriva por no compartir la disolución de nuestro movimiento cívico y por los temores, que resultaron ciertos, de lo que realmente es el Partido Verde.

Nuevamente, por incapacidad política o por ingenuidad reiterada, o por conformismo, o por no encontrar otra salida decente en la política, no hemos sido capaces de avanzar en la consolidación de un Partido, el Verde, que sea diferente a los partidos políticos tradicionales en sus formas y en sus contenidos. Difícil hoy para un ciudadano distinguir qué nos distingue de otros partidos.

Hasta ahora el Partido Verde es una formación política con una historia no del todo clara, con unas rémoras pasadas, con una campaña electoral histórica, la del 2010, con algunas muy buenas congresistas –mujeres ellas, con algún hombre significativo- pero con unos desenlaces posteriores que reflejan bastantes incoherencias y bastantes tumbos. Un partido que ha asumido, desde su dirigencia, que no es posible construir un partido diferente y que ha escogido el camino de integrarse (perderse, en algunos casos) con los partidos políticos que son responsables de la debacle de este país. Un partido que se hace ya el de la vista gorda ante incongruencias de algunos de sus militantes y candidatos, porque asume que hacen falta para sumar votos en sus regiones. La urgencia de votos pasó, en algunos casos significativos, a reemplazar los criterios y principios. Doloroso.

El Partido Verde, al que pertenezco aún y del que no he pensado en irme aunque a veces me pregunto para qué quedarme, cambió el No todo vale que tanto entusiasmó, por el puede que algunas cosas que antes no hacíamos ni aceptábamos valgan ahora con tal de poder ganar para poder hacer lo que creemos necesario hacer. Es decir, un partido en el que sus principales dirigentes, con algunas excepciones, cambiaron eso de que el fin no justifica los medios por otro concepto, tal vez de realismo político pero que suena a transfuguismo ético: algunos fines justifican algunos medios.

En fin, que nos equivocamos políticamente en estos 8 años de gobierno y en estos más de 11 años de Compromiso Ciudadano: nos equivocamos al no proponernos, seriamente, la conformación de un proyecto político que fuera más allá del manejo de la Alcaldía. Nos equivocamos al no diseñar colectivamente ese partido que fuera capaz de cambiar la forma de hacer política electoral, que se relacionara de una manera diferente con la comunidad en época de elecciones, que fuera convocador de juventudes y de muchas personas que jamás se han metido en la política, que representara realmente una esperanza política para quienes mantienen la abstención electoral como el principal resultado en las elecciones municipales y nacionales. Nos equivocamos al no hacer escuela de formación política. Nos equivocamos en la toma de decisiones trascendentales que podrían haber permitido fortalecer aún más las políticas públicas municipales y nuestra presencia en Antioquia o incluso en otras regiones (a lo mejor, solo a lo mejor, nos equivocamos al querer dar el salto nacional sin tener siquiera proyecto metropolitano y regional). Nos equivocamos al seguir dependiendo de la suma de líderes y no de una verdadera construcción colectiva.

En otra columna de este blog dije hace unos días que Medellín debe ser una causa común. Aplico esa misma frase ahora para lo que debería ser un proyecto político: una causa común, bien diseñada, bien construida, bien fundamentada. En la que importen tanto las formas, los procesos, como los resultados. Incluso, diría hoy, en la que inicialmente importen más las formas, los procesos, que los resultados electorales inmediatos.

Le quedamos debiendo a esta ciudad, a esta región, ese proyecto político.

Jorge Melguizo

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Bilbao, Barcelona, Rosario

Bilbao, Barcelona y Rosario han servido de referencia para Medellín.  Estas 3 ciudades han sido ejemplo para Medellín en desarrollo urbano, en planeación estratégica, en alianzas público privadas, en las apuestas por la cultura como motor de transformación.

Escribo estas notas desde Rosario, al frente del río Paraná, a 4 horas de Buenos Aires. Vine invitado por la AECID y el Centro Cultural Parque España para hacer parte de un seminario sobre planificación cultural para personas de todo el cono sur (http://culturaparaeldesarrollo.wordpress.com)

Llegué acá desde Barcelona, donde estuve 10 días invitado por Fundación Kreanta, como coordinador de la Cátedra Medellín Barcelona que hacemos desde principios del 2009 (www.catedramedellinbarcelona.org y www.kreanta.org) .  Y antes estuve unos pocos días en Bilbao, esa ciudad de mis nostalgias, adonde fui invitado por EDEX, Sartu y el Gobierno Vasco a dar un par de conferencias (www.edex.es).

Una primera conclusión de estos 20 días en esas 3 ciudades puede parecer obvia pero la escribo tal cual la pienso: lo que hemos logrado en Medellín en los últimos años es REALMENTE transformador y llama la atención en todas partes, incluso en esas 3 ciudades de las que hemos aprendido (no solo de ellas hemos aprendido, por supuesto) e incluso, para esas 3 ciudades, hoy somos referencia en algunos temas que aprendimos de ellas.  Lo que hemos hecho en Medellín es trascendental y no debemos tener ningún reparo, ninguno, en mostrarlo y en exhibirlo.  Y no es que hallamos llegado, no es que ya lo hayamos hecho: seguimos andando, seguimos buscando, seguimos haciendo.  Debemos sentirnos orgullosos de lo que hemos hecho en Medellín.  Y debemos procurar que no se pierda el rumbo.

Segunda conclusión: una de las claves para la transformación de Medellín es que decidimos –hace unos 20 años- abrirnos al mundo y buscar experiencias exitosas en otros lugares, más allá de nuestro valle y de nuestras montañas.  Y buscamos y encontramos mucho por aprender, y por copiar, y por reelaborar, en Bogotá, en Portoalegre, en Curitiba, en Monterrey, en Bilbao, en Barcelona, en Rosario.  Encontramos nuevas formas de pensar lo urbano y de hacer la cultura, nuevas propuestas para impulsar la participación y para diseñar proyectos sociales, nuevas ideas para generar motores fuertes de transformación y para internacionalizar nuestra ciudad. Encontramos experiencias y resultados, y encontramos amigos y cómplices de sueños de presente y de futuro.  En Medellín debemos mantener ese espíritu de búsqueda de mejores respuestas, de mejores experiencias, de nuevos y efectivos proyectos sociales, educativos, culturales y urbanos, y debemos seguir saliendo a buscarlas, con humildad para seguir aprendiendo de otros.  En Bilbao, Barcelona y Rosario, por ejemplo, tenemos mucho que aprender, mucho.

Tercera conclusión: Nos hace falta, en Medellín, mucha mayor producción intelectual a partir de lo hecho.  Nos hace falta gestión del conocimiento.  Nos hace falta mayor análisis académico y político sobre lo hecho. Nos hace falta un fondo editorial municipal.  Nos hace falta un Museo de la Ciudad, que acopie lo que hemos hecho y que lo muestre local, nacional e internacionalmente.  Nos hace falta un mejor uso de las redes sociales y de las nuevas tecnologías para mostrar más creativa y permanentemente las metodologías y las historias y las conceptualizaciones y los resultados (y los fracasos) y los aprendizajes de estos años recientes en Medellín.  Producimos muy poco conocimiento.  O mejor, sistematizamos muy poco conocimiento en Medellín.  En Bilbao, en Barcelona –y algo en Rosario, también- se organiza todo, se sistematiza todo, se publica todo, se cuelga todo en las web municipales y regionales.  Debemos hacer pedagogía pública sobre Medellín.  Tenemos muchísimo que producir, para nosotros mismos en la ciudad, para llevar a las escuelas, a los colegios, a las universidades, a las organizaciones de la sociedad civil, a las empresas (¿en qué oficina de altos empresarios habrá algún libro que cuente la transformación de Medellín?).  Es necesario, y urgente, que nos pongamos en la tarea de producir conocimiento, que además nos exige reflexión sobre lo que hemos hecho bien y mal y sobre lo que debemos hacer.

Y una cuarta conclusión: el capital humano y en algo también el capital social de Medellín hoy es muy valioso: gente preparada, muy preparada, con mucha experiencia, con experiencias reales en su haber, con acumulado, con procesos. Y jóvenes en cantidad entre ese capital humano de excelente formación y de mucha experiencia. Y entidades y organizaciones consolidadas y con muy buen nombre en el exterior.  Si la década de los 80 estuvo marcada por la búsqueda de proyectos claves para Medellín y la década del 90 por la formación de capacidad instalada para responder al enorme reto social de las múltiples y durísimas violencia, la primera década de este siglo se convirtió en la cualificación de esa capacidad instalada, personal y colectivamente.  En esta segunda década del siglo, de acá al 2020, uno de los retos podría ser el de poner ese capital humano en un mayor nivel de formación y reflexión, nacional e internacionalmente, y en hacer prioritaria la gestión del conocimiento: foros, congresos, proyectos editoriales, uso pedagógico intensivo de las redes sociales, escuelas de formación ciudadana, fortalecimiento de la sociedad civil, sistematización, evaluaciones de resultados y de procesos y de impactos, en fin.

Medellín puede y tiene con qué, en personas y en proyectos concretos, que son evidencia y referencia, pasar a ser una ciudad del conocimiento, una ciudad de la innovación, una ciudad de la creatividad.  Un buen reto.

El río Paraná baja al frente de donde escribo estas notas.  Personas de Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile piensan acá cómo mejorar sus ciudades y países desde la cultura.  Un volcán se activó, en el sur chileno pero tiene a todo este sur envuelto en cenizas.  Fontanarrosa es un recuerdo en muchos lugares de Rosario, su ciudad. Y recuerdo a Inodoro Pereyra, su historieta que prefiero y sigo desde hace mucho: dice Inodoro, pampero casi solitario, a su perro, Mendieta: “Por ahí dicen Mendieta que la imaginación al poder.  Yo pienso todo lo contrario: la imaginación, al no poder”.

Jorge Melguizo

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Inventarse una nueva vida

Inventarse una nueva vida.  En este país a mucha gente le toca inventarse una nueva vida.  Desplazados, víctimas de las violencias, damnificados de las catástrofes naturales.  Desempleados.  Profesionales que no encuentran en su profesión lo que buscaban.

Imagínese (cierre los ojos, dese unos minutos para pensarlo, para intentar sentirlo) que son las 2 de la madrugada y a su casa comienza a entrar agua por todos lados y solo tiene tiempo para salir por una ventana, llevándose a su hija.  Queda el miedo, queda el silencio atronador de la tragedia, queda la desazón, queda la soledad, queda la ansiedad, queda la miseria más absoluta en medio de la que ya era la miseria más absoluta. Queda la oscuridad. Queda la impotencia. Quedan bajo el agua sus únicas cosas, los pocos recuerdos, el colchón, la ropa, las ollas, la libra de panela. ¿Y ahora qué?  Toca inventarse una nueva vida, con su hija en la mano, con la tristeza profunda en el alma, con el abandono total por compañía.

Imagínese (cierre los ojos, dese unos minutos para pensarlo, para intentar sentirlo) que son las 2 de la madrugada.  Afuera de su rancho se oyen ruidos de botas.  No sabe si esas botas son oficiales, del ejército.  O si son ilegales, de guerrilleros, de paramilitares.  Con todas las botas le da miedo.  Sale huyendo, sin mirar atrás.  Si es que la han dejado salir huyendo, que se considera un verdadero logro.  Y sigue corriendo, con su hija, con sus dos hijos, con su esposo, con su abuela.  Corren.  Horas, días, semanas, huyendo.  No miran atrás.  Llegan a una ciudad, a sus montañas, al lado del río.  Hacen un rancho.  Están a salvo.  ¿A salvo de qué? Toca inventarse una nueva vida, con su familia en la mano, con la tristeza profunda en el alma, con la esperanza por compañía.

Imagínese (cierre los ojos, dese unos minutos para pensarlo, para intentar sentirlo) que son las 6 de la tarde.  Ha terminado otro día de búsqueda de trabajo.  No lo ha conseguido.  ¿Cuántos días han terminado así? ¿Cuántos días hace que busca y no encuentra? ¿Cuántos días sin saber qué hacer, qué más hacer, qué puertas tocar, de qué vivir?  Imagínese que son las 6 de la tarde de ese día y nuevamente regresa a su casa, en las montañas, al lado del río, a su rancho.  Su hija, sus hijos, su esposo, su abuela, esperan.  Como todas las tardes, esperan.  Siguen esperando.  Toca inventarse una nueva vida, se dice, porque así va a ser, así está siendo, imposible.  Una nueva vida, de dónde por dios, para dónde por dios, qué hacer diosmío, qué más puedo hacer.  Una nueva vida, en qué, dónde, con qué.

Inventarse una nueva vida.  Ocurre todos los días.  Es la desazón como patria.  Es este país, carcomido por la politiquería y la corrupción.  Y por la guerra.  Invierno, sí, pero más corrupción que invierno.  En otros países hay invierno también, y desastres naturales, y pueblos y pueblos inundados, pero las tragedias son menores: en este país son mayores las tragedias de los miles de personas que los desastres naturales.  Se han robado este país y quienes se lo han robado son los causantes de esas tragedias de miles.  Y la guerra sigue, y quienes han prohijado la guerra, las guerras, ahí siguen.  Y ahí siguen, guerreando, jodiendo, en medio de los desastres, a pesar de las tragedias.  Sumiendo al país en mas tragedias.

Toca inventarse una nueva vida en este país.  Pero no es fácil inventarse una nueva vida en este país.  Para muchísima gente, este país es una desesperanza. Un dolor. Un miedo.  Toca inventarse un nuevo país.

Jorge Melguizo

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