Me retiro del Partido Verde

Hoy me retiro del Partido Verde, por el que voté en las elecciones presidenciales en 2010, al que me inscribí el 8 de noviembre de 2010 (por primera vez en mi vida hacía parte de un partido político) y por el que me presenté como precandidato a la Alcaldía de Medellín para las elecciones del 30 de octubre de 2011.

Me retiro por decepción total y porque no veo opciones de lograr dentro del Partido Verde lo que muchos pensamos y soñamos al hacer parte de la Ola Verde y al sumarnos formalmente a un partido político: construir un partido democrático, realmente democrático. Construir un partido ética y políticamente diferente.  Un partido serio, coherente.  Hacer parte de un partido que predicó que no todo vale y en el que muchos defendimos hasta el cansancio (¡y nos cansamos!) que el fin no justifica los medios.  Pensamos construir un partido basado en agendas programáticas, en generación de soluciones para los grandes problemas de este país, y el partido se ha quedado, en buena parte, en el fortalecimiento de 3 o 4 figuras personales y personalistas, todos ellos por cierto directivos del propio partido, y esos mismos directivos han decidido aliarse con los partidos políticos tradicionales, algo que rechazamos muchos de quienes votamos por Mockus y Fajardo en 2010.

La gota que llenó el vaso fue la decisión de sus directivos de sumarse a la Unidad Nacional del Presidente Juan Manuel Santos.  Es decir, el Partido Verde está desde hoy en la misma mesa de gobierno con el Partido de La U, el Partido Liberal, el Partido Conservador, el Partido Cambio Radical y el Partido de Integración Nacional (el famoso PIN, y es famoso porque muchos de sus dirigentes o militantes están condenados por paramilitarismo).  No estoy de acuerdo con hacer parte de esa alianza, de esa unión burocrática, pero además los directivos del Partido Verde ni siquiera pusieron este tema en consideración de quienes somos –fuimos- sus miembros.  Y, para colmo de colmos, ni siquiera ellos comunicaron la decisión sino que fue el Presidente Santos quien lo informó en su discurso al país en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la República, ayer miércoles 20 de julio.  Nos enteramos por otros de lo que nuestros directivos cocinaron entre ellos.

Me retiro del Partido Verde porque no quiero hacer parte de esa Unión Nacional, conformada por los partidos que se han robado este país y que tienen a Colombia sumida en el peor de los mundos: la mayor inequidad del continente, según Naciones Unidas.  El mayor desempleo del continente, según la CEPAL (Comisión Económica para América Latina).  El país con mayor gasto militar por habitante.  Uno de los países con mayor corrupción (y eso que solo conocemos un pedacito de esa infame corrupción).  El segundo país, después de Sudán, con mayor número de desplazados del mundo.  Y el único país del continente que no ha superado su conflicto interno.

Debo decir que el Gobierno de Juan Manuel Santos ha resultado mejor de lo que esperaba (realmente no esperaba mucho).  En este año ha habido avances importantes en temas claves para el futuro nacional, en especial la Ley de Víctimas y el Estatuto Anticorrupción.  Pero no veo avances en la agenda que nos tendría que importar más: los programas sociales, educativos y culturales, esas tres realmente las herramientas claves de la transformación.  Como tampoco veo avances en uno de los asuntos claves para Colombia y en el que también somos de los más atrasados en el continente: la infraestructura vial y la recuperación de los ferrocarriles y de los ríos para el transporte de carga.

Ángela Robledo, excelente Senadora del Partido Verde, dijo algo que comparto: no hay que estar en la Unión Nacional para respaldar las buenas medidas del gobierno y haber mantenido la independencia era mucho más importante como partido.

Perdimos la oportunidad de construir un partido diferente.  Ese reto le quedó grande a nuestros directivos, a todos nuestros directivos. Tomaron decisiones equívocas y equivocadas.  No consultaron esas decisiones. Menospreciaron a miembros, simpatizantes y precandidatos. Las ambigüedades y las dilaciones fueron más importantes que los debates serios y que las decisiones.  Se volvieron autistas y autocráticos.  En muy pocos meses lograron usar al Partido Verde para sus propios intereses.  Le dieron prioridad a los resultados inmediatos en lo electoral y no a los procesos de mediano y largo plazo que nos permitieran construir una alternativa al bipartidismo que ha marcado (y matado, literal y metafóricamente) a este país.  Se olvidaron de la formación de la cultura política, pasaron por encima de los principios, olvidaron la ética, hicieron a un lado la política.  Se volvieron politiqueros.

El 2 de mayo renuncié a mi aspiración a la Alcaldía porque no quedaba otro camino decente: esos mismos directivos habían decidido que Medellín no era prioridad electoral y habían optado por ofrecerle el apoyo al Partido Liberal para ganar la Alcaldía de Medellín a cambio de que el Partido Liberal los apoyara para ganar la Gobernación de Antioquia.   No estuve de acuerdo. Insistí –sin éxito, como es evidente- que deberíamos tener candidatura propia a la alcaldía de Medellín y propuse trabajar conjuntamente las candidaturas a Gobernación de Antioquia y a Alcaldía de Medellín. Renuncié y me marginé de las elecciones pero dije que no me iba del Partido Verde porque en los partidos debían caber, precisamente, las divergencias y diferencias.  Y dije que yo no me había inscrito en una iglesia sino en un partido. Que las iglesias son de dioses y dogmas, de actos de fé.  Y los partidos son (o deben ser) de colectivos, de ideas, de análisis, de construcciones.

Hace solo 8 días le respondí a unos amigos que yo seguiría haciendo parte del partido porque en algún momento quienes pensamos diferente podríamos ganarle espacio a esos directivos politiqueros y electoreros, representantes ellos y ellas también de lo que es necesario cambiar en la política colombiana.  Pero hoy decido irme.  No hay caso.  Lío mis bártulos y me voy.  No afectará a nadie mi renuncia porque hasta hoy fui un militante más, de esos a los que los directivos ni escuchan, ni consultan, ni informan, ni responden.

Otra decepción de la política en este país.  El partido verde (así, en minúsculas) le quedó grande a sus directivos.

Recuerdo ahora una frase que viene al caso, esa que sale en la última escena de La Estrategia del Caracol, la maravillosa película de Sergio Cabrera: Ahí les dejamos su hijueputa casa pintada.

Jorge Melguizo

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Le quedamos debiendo a Medellín un proyecto político

Quienes gobernamos a Medellín entre 2004 y 2011 le quedamos debiendo a esta ciudad y a la región la construcción de un proyecto político de largo aliento que se viera reflejado en la conformación de un nuevo partido político. Un partido político capaz de pensar nuevos temas y de generar pensamiento y conocimiento a partir de las soluciones innovadoras para nuestros grandes problemas. Un partido dinámico, abierto, con ideología (¿por qué hemos abandonado las ideologías, por qué ese miedo a construir ideologías?).

Un partido político nuevo, de verdad nuevo, ética, pedagógica y políticamente serio, diferente, renovador de la acción política, democrático hacia fuera y especialmente democrático hacia adentro, transformador de las relaciones entre quienes lo conformen, que deje atrás los caudillismos, los personalismos, los mesianismos, donde las decisiones se tomen colectivamente y donde el llamado realismo político no se imponga sobre las esperanzas de sus miembros y de quienes lo apoyan electoralmente.

Nuestra excelente gestión pública, evidente en los enormes resultados sociales, educativos, culturales y urbanos de Medellín, hacía más necesario aún ese reto de haber diseñado, estructurado, consolidado, un proyecto político también renovador. Le quedamos debiendo a Medellín y a Antioquia ese proyecto político. Los logros electorales o políticos de algunas personas vinculadas a nuestro reciente trabajo en y por Medellín, por más relevantes que sean esas personas, no conforman, en sí mismos, un proyecto político. Todo lo contrario: teníamos que habernos apoyado en esos logros para avanzar en un proyecto político colectivo y no individual. El capital político de esas personas, por cierto, no es su capital, individual, personal: es un capital construido con base en el esfuerzo, la decisión, el compromiso y los resultados de muchísimas personas.

No presentar candidatura propia a la Alcaldía de Medellín en las elecciones de 2011 para el período 2012 – 2015, es una estupidez, un error no solo político sino también ético: a las 208 mil personas que votaron por Fajardo en 2003 y las 274 mil que votaron por Alonso en 2007, y a quienes han mejorado su calidad de vida en todos años, y a quienes han visto en nuestra manera de gobernar unas formas y unos fondos distintos a lo tradicional, teníamos el deber ético y político de proponerles un proyecto de continuidad. No podíamos no presentarnos a las elecciones municipales. Pero no nos presentamos. Y es difícil de entender y aún más de explicarlo.

La decisión tomada por unos pocos dirigentes del Partido Verde de transar un apoyo político del partido Liberal a la campaña de Fajardo para la Gobernación de Antioquia a cambio de apoyar el candidato Liberal a la Alcaldía de Medellín se presentó como la construcción de una alianza necesaria para no perder ni la una ni la otra, pero realmente no deja de ser, simplemente, una alianza electoral en función de intereses particulares y coyunturales.

Esa alianza no fortalece al Partido Verde en lo local (y le quedará muy difícil levantarse más adelante a partir de este hecho) y pone en duda la continuidad de un proyecto renovador para Medellín. Ojalá nuestra lista al Concejo de Medellín tenga buenos resultados a pesar de esta situación, aunque también hay que decir que esa lista tiene de todo, personas muy buenas y esperanzadoras, pero otras que están más cerca de la politiquería y el clientelismo que hemos combatido.

Tal vez por intentar hacerlo muy bien desde la Alcaldía dejamos a un lado la construcción de ese partido político que fuera más allá de nuestro movimiento cívico, Compromiso Ciudadano. No le dimos la importancia política a la construcción de ese partido, y solo lo intentamos al término de la alcaldía de Fajardo cuando quisimos, ambiciosamente, ingenuamente, pasar a ser la primera fuerza nacional y ganar la presidencia con un candidato sin partido. La derrota de nuestras listas en las elecciones parlamentarias de 2010 nos puso en nuestro nivel y nos dio una lección que no aprendimos: la política no es de personas sino de partidos, y esos partidos deben ser capaces de ir más allá de las personas que los lideran.

Nos sumamos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales al Partido Verde pero sin fusionarnos desde un principio, otra incoherencia y error nuestro. Solo más de 4 meses después de las elecciones decidimos unirnos al Partido Verde, con un costo que aún cuesta: no todos los de Compromiso Ciudadano nos fuimos a ese partido, algunos y algunas se quedaron en la ASI (entre ellos, los 3 concejales por una razón obvia: no les permite la Ley estar en dos partidos) y otros a la deriva por no compartir la disolución de nuestro movimiento cívico y por los temores, que resultaron ciertos, de lo que realmente es el Partido Verde.

Nuevamente, por incapacidad política o por ingenuidad reiterada, o por conformismo, o por no encontrar otra salida decente en la política, no hemos sido capaces de avanzar en la consolidación de un Partido, el Verde, que sea diferente a los partidos políticos tradicionales en sus formas y en sus contenidos. Difícil hoy para un ciudadano distinguir qué nos distingue de otros partidos.

Hasta ahora el Partido Verde es una formación política con una historia no del todo clara, con unas rémoras pasadas, con una campaña electoral histórica, la del 2010, con algunas muy buenas congresistas –mujeres ellas, con algún hombre significativo- pero con unos desenlaces posteriores que reflejan bastantes incoherencias y bastantes tumbos. Un partido que ha asumido, desde su dirigencia, que no es posible construir un partido diferente y que ha escogido el camino de integrarse (perderse, en algunos casos) con los partidos políticos que son responsables de la debacle de este país. Un partido que se hace ya el de la vista gorda ante incongruencias de algunos de sus militantes y candidatos, porque asume que hacen falta para sumar votos en sus regiones. La urgencia de votos pasó, en algunos casos significativos, a reemplazar los criterios y principios. Doloroso.

El Partido Verde, al que pertenezco aún y del que no he pensado en irme aunque a veces me pregunto para qué quedarme, cambió el No todo vale que tanto entusiasmó, por el puede que algunas cosas que antes no hacíamos ni aceptábamos valgan ahora con tal de poder ganar para poder hacer lo que creemos necesario hacer. Es decir, un partido en el que sus principales dirigentes, con algunas excepciones, cambiaron eso de que el fin no justifica los medios por otro concepto, tal vez de realismo político pero que suena a transfuguismo ético: algunos fines justifican algunos medios.

En fin, que nos equivocamos políticamente en estos 8 años de gobierno y en estos más de 11 años de Compromiso Ciudadano: nos equivocamos al no proponernos, seriamente, la conformación de un proyecto político que fuera más allá del manejo de la Alcaldía. Nos equivocamos al no diseñar colectivamente ese partido que fuera capaz de cambiar la forma de hacer política electoral, que se relacionara de una manera diferente con la comunidad en época de elecciones, que fuera convocador de juventudes y de muchas personas que jamás se han metido en la política, que representara realmente una esperanza política para quienes mantienen la abstención electoral como el principal resultado en las elecciones municipales y nacionales. Nos equivocamos al no hacer escuela de formación política. Nos equivocamos en la toma de decisiones trascendentales que podrían haber permitido fortalecer aún más las políticas públicas municipales y nuestra presencia en Antioquia o incluso en otras regiones (a lo mejor, solo a lo mejor, nos equivocamos al querer dar el salto nacional sin tener siquiera proyecto metropolitano y regional). Nos equivocamos al seguir dependiendo de la suma de líderes y no de una verdadera construcción colectiva.

En otra columna de este blog dije hace unos días que Medellín debe ser una causa común. Aplico esa misma frase ahora para lo que debería ser un proyecto político: una causa común, bien diseñada, bien construida, bien fundamentada. En la que importen tanto las formas, los procesos, como los resultados. Incluso, diría hoy, en la que inicialmente importen más las formas, los procesos, que los resultados electorales inmediatos.

Le quedamos debiendo a esta ciudad, a esta región, ese proyecto político.

Jorge Melguizo

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Bilbao, Barcelona, Rosario

Bilbao, Barcelona y Rosario han servido de referencia para Medellín.  Estas 3 ciudades han sido ejemplo para Medellín en desarrollo urbano, en planeación estratégica, en alianzas público privadas, en las apuestas por la cultura como motor de transformación.

Escribo estas notas desde Rosario, al frente del río Paraná, a 4 horas de Buenos Aires. Vine invitado por la AECID y el Centro Cultural Parque España para hacer parte de un seminario sobre planificación cultural para personas de todo el cono sur (http://culturaparaeldesarrollo.wordpress.com)

Llegué acá desde Barcelona, donde estuve 10 días invitado por Fundación Kreanta, como coordinador de la Cátedra Medellín Barcelona que hacemos desde principios del 2009 (www.catedramedellinbarcelona.org y www.kreanta.org) .  Y antes estuve unos pocos días en Bilbao, esa ciudad de mis nostalgias, adonde fui invitado por EDEX, Sartu y el Gobierno Vasco a dar un par de conferencias (www.edex.es).

Una primera conclusión de estos 20 días en esas 3 ciudades puede parecer obvia pero la escribo tal cual la pienso: lo que hemos logrado en Medellín en los últimos años es REALMENTE transformador y llama la atención en todas partes, incluso en esas 3 ciudades de las que hemos aprendido (no solo de ellas hemos aprendido, por supuesto) e incluso, para esas 3 ciudades, hoy somos referencia en algunos temas que aprendimos de ellas.  Lo que hemos hecho en Medellín es trascendental y no debemos tener ningún reparo, ninguno, en mostrarlo y en exhibirlo.  Y no es que hallamos llegado, no es que ya lo hayamos hecho: seguimos andando, seguimos buscando, seguimos haciendo.  Debemos sentirnos orgullosos de lo que hemos hecho en Medellín.  Y debemos procurar que no se pierda el rumbo.

Segunda conclusión: una de las claves para la transformación de Medellín es que decidimos –hace unos 20 años- abrirnos al mundo y buscar experiencias exitosas en otros lugares, más allá de nuestro valle y de nuestras montañas.  Y buscamos y encontramos mucho por aprender, y por copiar, y por reelaborar, en Bogotá, en Portoalegre, en Curitiba, en Monterrey, en Bilbao, en Barcelona, en Rosario.  Encontramos nuevas formas de pensar lo urbano y de hacer la cultura, nuevas propuestas para impulsar la participación y para diseñar proyectos sociales, nuevas ideas para generar motores fuertes de transformación y para internacionalizar nuestra ciudad. Encontramos experiencias y resultados, y encontramos amigos y cómplices de sueños de presente y de futuro.  En Medellín debemos mantener ese espíritu de búsqueda de mejores respuestas, de mejores experiencias, de nuevos y efectivos proyectos sociales, educativos, culturales y urbanos, y debemos seguir saliendo a buscarlas, con humildad para seguir aprendiendo de otros.  En Bilbao, Barcelona y Rosario, por ejemplo, tenemos mucho que aprender, mucho.

Tercera conclusión: Nos hace falta, en Medellín, mucha mayor producción intelectual a partir de lo hecho.  Nos hace falta gestión del conocimiento.  Nos hace falta mayor análisis académico y político sobre lo hecho. Nos hace falta un fondo editorial municipal.  Nos hace falta un Museo de la Ciudad, que acopie lo que hemos hecho y que lo muestre local, nacional e internacionalmente.  Nos hace falta un mejor uso de las redes sociales y de las nuevas tecnologías para mostrar más creativa y permanentemente las metodologías y las historias y las conceptualizaciones y los resultados (y los fracasos) y los aprendizajes de estos años recientes en Medellín.  Producimos muy poco conocimiento.  O mejor, sistematizamos muy poco conocimiento en Medellín.  En Bilbao, en Barcelona –y algo en Rosario, también- se organiza todo, se sistematiza todo, se publica todo, se cuelga todo en las web municipales y regionales.  Debemos hacer pedagogía pública sobre Medellín.  Tenemos muchísimo que producir, para nosotros mismos en la ciudad, para llevar a las escuelas, a los colegios, a las universidades, a las organizaciones de la sociedad civil, a las empresas (¿en qué oficina de altos empresarios habrá algún libro que cuente la transformación de Medellín?).  Es necesario, y urgente, que nos pongamos en la tarea de producir conocimiento, que además nos exige reflexión sobre lo que hemos hecho bien y mal y sobre lo que debemos hacer.

Y una cuarta conclusión: el capital humano y en algo también el capital social de Medellín hoy es muy valioso: gente preparada, muy preparada, con mucha experiencia, con experiencias reales en su haber, con acumulado, con procesos. Y jóvenes en cantidad entre ese capital humano de excelente formación y de mucha experiencia. Y entidades y organizaciones consolidadas y con muy buen nombre en el exterior.  Si la década de los 80 estuvo marcada por la búsqueda de proyectos claves para Medellín y la década del 90 por la formación de capacidad instalada para responder al enorme reto social de las múltiples y durísimas violencia, la primera década de este siglo se convirtió en la cualificación de esa capacidad instalada, personal y colectivamente.  En esta segunda década del siglo, de acá al 2020, uno de los retos podría ser el de poner ese capital humano en un mayor nivel de formación y reflexión, nacional e internacionalmente, y en hacer prioritaria la gestión del conocimiento: foros, congresos, proyectos editoriales, uso pedagógico intensivo de las redes sociales, escuelas de formación ciudadana, fortalecimiento de la sociedad civil, sistematización, evaluaciones de resultados y de procesos y de impactos, en fin.

Medellín puede y tiene con qué, en personas y en proyectos concretos, que son evidencia y referencia, pasar a ser una ciudad del conocimiento, una ciudad de la innovación, una ciudad de la creatividad.  Un buen reto.

El río Paraná baja al frente de donde escribo estas notas.  Personas de Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile piensan acá cómo mejorar sus ciudades y países desde la cultura.  Un volcán se activó, en el sur chileno pero tiene a todo este sur envuelto en cenizas.  Fontanarrosa es un recuerdo en muchos lugares de Rosario, su ciudad. Y recuerdo a Inodoro Pereyra, su historieta que prefiero y sigo desde hace mucho: dice Inodoro, pampero casi solitario, a su perro, Mendieta: “Por ahí dicen Mendieta que la imaginación al poder.  Yo pienso todo lo contrario: la imaginación, al no poder”.

Jorge Melguizo

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Inventarse una nueva vida

Inventarse una nueva vida.  En este país a mucha gente le toca inventarse una nueva vida.  Desplazados, víctimas de las violencias, damnificados de las catástrofes naturales.  Desempleados.  Profesionales que no encuentran en su profesión lo que buscaban.

Imagínese (cierre los ojos, dese unos minutos para pensarlo, para intentar sentirlo) que son las 2 de la madrugada y a su casa comienza a entrar agua por todos lados y solo tiene tiempo para salir por una ventana, llevándose a su hija.  Queda el miedo, queda el silencio atronador de la tragedia, queda la desazón, queda la soledad, queda la ansiedad, queda la miseria más absoluta en medio de la que ya era la miseria más absoluta. Queda la oscuridad. Queda la impotencia. Quedan bajo el agua sus únicas cosas, los pocos recuerdos, el colchón, la ropa, las ollas, la libra de panela. ¿Y ahora qué?  Toca inventarse una nueva vida, con su hija en la mano, con la tristeza profunda en el alma, con el abandono total por compañía.

Imagínese (cierre los ojos, dese unos minutos para pensarlo, para intentar sentirlo) que son las 2 de la madrugada.  Afuera de su rancho se oyen ruidos de botas.  No sabe si esas botas son oficiales, del ejército.  O si son ilegales, de guerrilleros, de paramilitares.  Con todas las botas le da miedo.  Sale huyendo, sin mirar atrás.  Si es que la han dejado salir huyendo, que se considera un verdadero logro.  Y sigue corriendo, con su hija, con sus dos hijos, con su esposo, con su abuela.  Corren.  Horas, días, semanas, huyendo.  No miran atrás.  Llegan a una ciudad, a sus montañas, al lado del río.  Hacen un rancho.  Están a salvo.  ¿A salvo de qué? Toca inventarse una nueva vida, con su familia en la mano, con la tristeza profunda en el alma, con la esperanza por compañía.

Imagínese (cierre los ojos, dese unos minutos para pensarlo, para intentar sentirlo) que son las 6 de la tarde.  Ha terminado otro día de búsqueda de trabajo.  No lo ha conseguido.  ¿Cuántos días han terminado así? ¿Cuántos días hace que busca y no encuentra? ¿Cuántos días sin saber qué hacer, qué más hacer, qué puertas tocar, de qué vivir?  Imagínese que son las 6 de la tarde de ese día y nuevamente regresa a su casa, en las montañas, al lado del río, a su rancho.  Su hija, sus hijos, su esposo, su abuela, esperan.  Como todas las tardes, esperan.  Siguen esperando.  Toca inventarse una nueva vida, se dice, porque así va a ser, así está siendo, imposible.  Una nueva vida, de dónde por dios, para dónde por dios, qué hacer diosmío, qué más puedo hacer.  Una nueva vida, en qué, dónde, con qué.

Inventarse una nueva vida.  Ocurre todos los días.  Es la desazón como patria.  Es este país, carcomido por la politiquería y la corrupción.  Y por la guerra.  Invierno, sí, pero más corrupción que invierno.  En otros países hay invierno también, y desastres naturales, y pueblos y pueblos inundados, pero las tragedias son menores: en este país son mayores las tragedias de los miles de personas que los desastres naturales.  Se han robado este país y quienes se lo han robado son los causantes de esas tragedias de miles.  Y la guerra sigue, y quienes han prohijado la guerra, las guerras, ahí siguen.  Y ahí siguen, guerreando, jodiendo, en medio de los desastres, a pesar de las tragedias.  Sumiendo al país en mas tragedias.

Toca inventarse una nueva vida en este país.  Pero no es fácil inventarse una nueva vida en este país.  Para muchísima gente, este país es una desesperanza. Un dolor. Un miedo.  Toca inventarse un nuevo país.

Jorge Melguizo

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Renuncio a mi aspiración a la Alcaldía de Medellín por el Partido Verde

Amigas y amigos

Renuncio a mi aspiración a la Alcaldía de Medellín por el Partido Verde.

Tomo esta decisión, acompañado por mi familia y por mi equipo de trabajo, por las siguientes razones:

  • Después de 5 meses de haber presentado al Partido Verde mi postulación para ser su candidato a la alcaldía de Medellín, tengo la certeza de que hoy Medellín no es prioridad en la agenda electoral  del Partido Verde.  El Partido, según me han explicado sus dirigentes, centra hoy sus prioridades en la Alcaldía de Bogotá y en la Gobernación de Antioquia.  Insistí en  que Medellín debería ser prioritaria, como ciudad y como sociedad, para nuestro Partido.  Para mí es más importante Medellín que el Partido Verde.  Lo que hemos avanzado en Medellín en gestión pública y en enormes resultados sociales no puede dejar de ser prioridad para un partido nuevo, verde, que tiene precisamente en los gobiernos locales su principal fortaleza, que tiene entre sus militantes y dirigentes a muchas personas que hemos sido protagonistas de primera línea en los profundos cambios de Medellín y que tiene una inmensa responsabilidad con quienes en dos ocasiones han depositado su confianza en este proyecto de ciudad votando históricamente por nuestras propuestas.
  • Tengo hoy claridad también sobre un hecho que ha estado presente desde que me postulé: en el Partido Verde, sus dirigentes principales y algunos más quieren y ven necesaria una alianza entre la candidatura a la Gobernación de Antioquia de Sergio Fajardo con Aníbal Gaviria, posible candidato del partido Liberal para la Alcaldía de Medellín. Yo no comparto esa decisión pero hoy debo reconocer que es una realidad dentro del Partido.  No la comparto porque creo que teníamos la posibilidad de llegar tanto a la gobernación como a la alcaldía con candidatos propios, siempre que hubiera habido unidad y voluntad. No la comparto porque esa probable alianza se ha planteado como un punto de partida y no como un posible punto de llegada en estas elecciones.  Creo que en cualquier caso esas alianzas deberían construirse para fortalecer el proyecto de transformación de Medellín y no por otras consideraciones. Al retirar mi aspiración le pido al Partido Verde, a sus dirigentes y a sus militantes, que en la alianza que vienen trabajando, le den la máxima importancia a la defensa de los principios de la gestión pública que ha transformado a Medellín: la transparencia como clave de todo nuestra acción, la generación de confianza a partir del fortalecimiento de todo lo público, las políticas públicas y los presupuestos públicos dedicados a la generación de equidad, inclusión y oportunidades para superar esta brecha enorme entre ricos y pobres, los énfasis en los proyectos educativos, la cultura como herramienta fundamental de transformación de la sociedad y la presencia integral del Estado en todos los barrios.
  • No logré en estos 5 meses de precandidatura unir en torno a mis propuestas a quienes hemos hecho parte del proyecto político que ha transformado a Medellín: Compromiso Ciudadano, ASI y ahora Partido Verde, y al no lograr esa unión es imposible, y me da mucho pesar decirlo, avanzar en el proyecto de continuidad de los gobiernos de Sergio Fajardo y Alonso Salazar.  Hemos sido buenos, muy buenos, sin modestias, para manejar esta ciudad, pero no hemos sido así de buenos para lograr construir al mismo tiempo un partido político amplio, democrático, deliberante, mayoritario, renovador, esperanzador.  Es una tarea pendiente y retadora.
  • Siempre dije que las precandidaturas son aspiraciones personales pero las candidaturas son decisiones de partido y tengo claro hoy que mi candidatura no es bien recibida por algunos de nuestros dirigentes y por algunas de las personas con quienes hemos avanzado en esta construcción. Retiro entonces mi aspiración, para tranquilidad interna del Partido Verde y para no terminar convirtiéndome en una persona incómoda dentro del Partido.
  • Mi intención al postularme fue continuar la transformación de Medellín ayudando a construir el nuevo Partido Verde.  Mi interés siempre ha sido el de defender lo que hemos construido en Medellín desde hace siete años, gracias a unos principios de renovación de las costumbres políticas a partir de la conjunción en Compromiso Ciudadano de personas de todas las tendencias y de todos los sectores sociales, y que hoy rinde sus frutos en las mayores transformaciones sociales y urbanas, especialmente a favor de la población más vulnerable de la ciudad.
  • Le pido a la ciudadanía de Medellín que a la hora de elegir a sus gobernantes siga pensando en proteger a su alcaldía y a sus empresas municipales de los politiqueros y corruptos, que ven en el presupuesto público una forma de enriquecerse y de hacer negocios privados.  Y le deseo a Medellín que las elecciones de octubre sean reflejo de nuestra reciente transformación: que haya debates de altura, en los que puedan analizarse los principales problemas y encontrar mejores formas de enfrentarlos.
  • En fin, termino esta carta a la ciudadanía diciendo algo que a estas alturas de mi vida espero que esté clara para la mayoría de Ustedes: Medellín es mi pasión.  Ha sido mi pasión desde los 13 años, en San Javier, cuando hice parte de la Junta de Acción Comunal, hasta hoy cuando me retiro de la contienda electoral que elegirá un alcalde y un equipo para la alcaldía de la ciudad. Mi vida seguirá en Medellín, mis sueños, mis esperanzas y mis energías seguirán en Medellín.  Medellín seguirá siendo mi pasión.  Hemos avanzado mucho pero es mucho, muchísimo, lo que aún nos falta por hacer.
  • Unas palabras finales para agradecer a mi grupo inmediato de trabajo que ayudó a construir estos 5 intensos meses de campaña, a mi familia por su paciencia y apoyo, y a todas esas incontables personas que se han acercado a aportar sus ideas, su tiempo, sus compromisos, sus abrazos, sus sueños.

Muchas gracias

Mayo 2 de 2011

Jorge Melguizo

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Las 7 palabras para Medellín

Un periodista, Óscar Montoya, me llamó la semana pasada y me dijo: “Melguizo, como se acerca Semana Santa les estoy pidiendo a todos los candidatos a la Alcaldía que me digan sus 7 palabras para Medellín”.  Me gustó esa pregunta porque obliga a pensar cuáles palabras sintetizan las propuestas pero, también, en cuáles palabras se engloban la realidad, el presente y el futuro de nuestra ciudad.

Y las 7 palabras que le respondí fueron: Camino, Transformación, Educación, Cultura, Convivencia, Oportunidades y Transparencia.

Camino, porque Medellín tomó un camino desde el 2004 con la Alcaldía de Sergio Fajardo y lo continuó con Alonso Salazar.  Ese camino es el de una gestión pública enfocada en la superación estructural de la pobreza, el camino de la intervención integral del Estado en los barrios y el camino de la política puesta al servicio de los intereses colectivos y no de los beneficios privados.  Ese es el camino que yo me propongo continuar, mejorándolo cada día a partir de los aprendizajes de estos años.  Hoy sabemos más, tenemos más experiencias y tenemos un camino trazado.

Transformación, porque pocas ciudades del mundo se han convertido tan rápidamente en ejemplo de cambio, de transformación social, educativa, cultural, urbana.  Nos hemos convertido en referencia, en modelo, en sitio obligado de visita para quienes quieren ver los proyectos innovadores, los programas de intervención sobre violencias, los resultados concretos.  Medellín era la ciudad más violenta del mundo (lo decían las cifras) y hoy no somos ni la más violenta del mundo, ni la más violenta de Latinoamérica ni la más violenta de Colombia.  Éramos una ciudad encerrada en sí misma y hoy somos una ciudad de cara al mundo, sede de grandes eventos internacionales.  Hoy somos la ciudad con mayor calidad de vida en Colombia, según Planeación Nacional.  De ser sinónimo de lo peor, pasamos a ser ejemplo.

Educación, porque se ha convertido en nuestra principal prioridad, no sólo para el gobierno sino para la sociedad: para las empresas privadas, que se han sumado con plata, hechos y voluntariado a la gestión de los colegios públicos.  Para la comunidad, que en sus planes de desarrollo locales, en comunas y corregimientos, tienen como principal prioridad la educación y dedica a la educación los mayores porcentajes del presupuesto participativo.  Para el gobierno municipal, por supuesto, porque hemos hecho de la educación el principal sentido, el principal programa, la principal prioridad de nuestras políticas y de nuestros presupuestos.

Cultura, porque se ha convertido en símbolo de Medellín.  En nuestra ciudad, la cultura es una de las herramientas claves para la transformación.  Es la ciudad del país que dedica mayor porcentaje de su presupuesto a cultura.  Los Parques Biblioteca, visitados cada semana por 88 mil personas.  Las 15 mil personas que entran semanalmente a los museos, la mayoría con entrada libre.  El Centro Cultural de Moravia, modelo latinoamericano de gestión y proyección.  La Red de Escuelas de Música Sinfónica, con más de 4.600 niños, niñas y jóvenes.  La Casa de la Música.  Las escuelas de hip hop y el crecimiento del mundo hoper.  Altavoz, con su proyección internacional y con las más de 250 bandas de todos los géneros que convoca cada año. Las 23 salas de teatro, con entrada libre todos los últimos miércoles de mes. La Fiesta de Artes Escénicas, convertida ya en modelo también para eventos similares en el continente. Las becas a la creación, que permiten que un buen grupo de artistas de todas las áreas puedan dedicarse a ese acto sublime de crear.  La Fiesta del Libro y la Cultura con sus más de 280 mil visitantes cada año, la Feria de las Flores, la programación cultural en barrios, el Festiafro.  En fin.  La cultura como propuesta de vida, permanente, en las calles y barrios de Medellín.

Convivencia, porque lo contrario a la inseguridad no es la seguridad, es la convivencia.  Aprender a vivir en sociedad, respetar al otro, reconocer la diversidad.  Hacer de las diferencias un atributo y no un obstáculo para relacionarnos. Encontrarnos en los espacios públicos, después de años de estar encerrados por las violencias.  Hacer de los espacios de participación espacios de deliberación y de construcción colectiva.  Hacer acuerdos para superar los desacuerdos.  Ser capaces de entender qué somos como sociedad y como ciudad, y hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que seamos mejor ciudad, mejor sociedad.

Oportunidades, porque una sociedad tan desigual, tan tremendamente inequitativa, debe tener en la palabra oportunidades su norte: que todos y todas tengamos oportunidades, que los derechos no sean privilegios ni favores, que lo público –es decir, lo de todos- sea garantía de inclusión y de equidad, y sea también garantía de calidad: lo mejor de una sociedad debe ser lo público: la educación pública, la cultura al acceso de todos, el transporte público, el espacio público, los servicios públicos, el manejo de lo público como generador de confianza.  Cerrar las puertas de lo malo y abrir las puertas de las oportunidades es parte de lo que hemos hecho y debemos seguir haciendo en Medellín.

Transparencia, porque sin esta palabra nada de lo anterior tiene sentido.  La corrupción es uno de los peores males en Colombia.  Medellín fue calificada en 2003 como una de las 5 ciudades con mayor corrupción por la Confederación de Cámaras de Comercio, que nos calificó con 1.95 sobre 5 en transparencia.  Desde el 2006, el mismo estudio nos califica con 4.6 sobre 5, y resalta a Medellín como una de las 5 ciudades del país con mayor transparencia.  Los dineros públicos son sagrados, decimos y hacemos nosotros: nadie tiene derecho a robarse un peso del presupuesto público.  No podemos volver atrás: gobernar con transparencia debe seguir siendo parte del modelo Medellín.

7 palabras que me hacen pensar en una octava palabra: emoción.  La emoción nos define a los de Medellín.  Nos emociona esta ciudad y lo que hemos hecho en tan poco tiempo es emocionante.  Y ya para cerrar pienso en la novena palabra: orgullo.  Qué orgullo lo que hemos sido capaces de hacer, colectivamente.  Qué orgullo contar esta ciudad.  Qué orgullo poder decirle al mundo que hemos sido capaces.

En fin: las 7 palabras para Medellín que se volvieron 9 en estas notas: camino, transformación, educación, cultura, convivencia, oportunidades, transformación, emoción, orgullo.

Jorge Melguizo

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Mantenernos en el camino de las grandes transformaciones

Me preguntan qué debe hacer Medellín para mantenerse en el camino de las grandes transformaciones urbanas, sociales, educativas y culturales.  Respondo que para ello debemos tener claro cuáles son los retos principales de quien gane la alcaldía en las elecciones de octubre 30 de este año:

–       Lograr que seamos una sociedad más equitativa, con menos brecha entre pobres y ricos, con equidad entre mujeres y hombres, esa debe ser la meta de toda la sociedad.  Mejorar la calidad de vida de la población más pobre nos hará una mejor ciudad.

–       Medellín, ciudad creativa y ciudad del conocimiento: debemos impulsar con más fuerza la innovación, la combinación de la educación con los clusters económicos, potenciar las industrias tecnológicas, hacer de la creación cultural la marca de la ciudad, y lograr que la gestión del conocimiento y la educación sean el gran proyecto colectivo de Medellín.

–       Pensar verde: Medellín tiene cómo llegar a ser modelo en gestión del medioambiente, en la relación de la ciudadanía con su entorno y en el cuidado y aprovechamiento de los recursos naturales, de la energía y del paisaje que tenemos.

–       Seguir haciendo de lo público garantía de oportunidades, inclusión y equidad.  Lo público debe ser lo mejor y de la mejor calidad y debe ser el punto de partida común para todas las personas: la educación pública debe ser la mejor. El espacio público debe ser el espacio de encuentro de la ciudadanía. Lo mejor de la cultura debe estar al acceso de toda la gente. El transporte público de Medellín es la gran estrategia para mejorar la movilidad. La calidad debe ser el sello de todos los programas y proyectos de la Alcaldía.

–       Fortalecer la sociedad civil: necesitamos una política pública de formación y educación ciudadana, y hacer proyectos innovadores para mejorar el trabajo de las organizaciones sociales y comunitarias.

–       Hacer de la transparencia, de la lucha contra la corrupción, una tarea colectiva: hemos avanzado mucho, no podemos volver atrás.  Debemos lograr que ningún contratista pague un peso de comisión y que se denuncien todos los hechos de corrupción.

–       Pasar de la inseguridad a la convivencia: las familias, las instituciones educativas, las empresas, las organizaciones comunitarias, las entidades públicas, debemos tener como norte principal en Medellín hacer de la convivencia el sello de nuestra ciudad.  Lo opuesto a la inseguridad es la convivencia.  Y es tarea de toda la sociedad.

–       Lograr el desarrollo sostenible de Medellín pero integrándonos más con la región metropolitana y con el resto de Antioquia: hemos sido muy centralistas y los problemas de Medellín no se resuelven solamente solucionándolos en Medellín.  El desarrollo regional es también responsabilidad de Medellín.

La síntesis de esos 8 retos es el resultado de escuchar, leer, analizar y conocer otros enfoques, muchos puntos de vista sobre lo que debemos priorizar en Medellín en los próximos 4 años.  En nuestra ciudad hay mucha gente pensándola desde diversas maneras de aproximarse a las contrastantes realidades de nuestros barrios. Hay un capital humano tremendo y tenemos ya una capacidad instalada que da cuenta de años de formación y de búsquedas de respuestas para nuestros grandes males. Nuestro capital social es en buena parte responsable de la acelerada transformación reciente de Medellín

Ya en otro momento he dicho que mis propuestas se pueden agrupar en tres palabras, que son las palabras con las que me gustaría que se definiera a Medellín en el futuro: equidad, inclusión y oportunidades.  Durante muchos años, las palabras con las que nos nombraron fueron violencia y narcotráfico.  Esas dos palabras siguen estando presentes, no hemos terminado de salir de ellas, pero el camino se va andando.  Y hoy las palabras con las que más se relaciona a Medellín son cambio, transformación, educación, cultura, urbanismo, bibliotecas.  Y hasta turismo es una palabra que empieza a definirnos: somos la tercera ciudad del país con mayor número de turistas al año, después de Cartagena y Bogotá, pero somos la ciudad del país que ocupa el primer lugar cuando le preguntan a los turistas adónde quieren regresar.  Y somos la ciudad del país en la que más días se quedan los turistas.  La gente viene, se amaña, vuelve y nos recomienda.  Medellín es una palabra que hoy suena a algo bueno en el mundo.

Los retos son, entonces, los nortes, los puntos de llegada.  Ser sinónimo de todo eso bueno es un buen reto. Pero el mayor reto es, por supuesto, que nosotros mismos, quienes vivimos en este pedacito de valle, entre montañas de hasta 3 mil metros, tengamos mejor calidad de vida.  Que haya menos pobreza, que haya más igualdad, que las oportunidades no sean privilegios ni favores sino eso, oportunidades y derechos.  Que nuestra ciudad sea vivible, habitable.  Todo eso lo podemos conseguir, ya demostramos que es posible avanzar de lo más profundo a una mejor ciudad.  Nos falta mucho, mucho, pero vamos por un buen camino.  Ese camino debe continuar.  Podemos avanzar sobre lo ya avanzado.

Ese es entonces el otro gran reto para Medellín: mantenernos en el camino de las grandes transformaciones sociales, educativas, urbanas y culturales.

Jorge Melguizo

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